martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué siempre sube la fiebre al atardecer?



De todos es sabido que la fiebre es un mecanismo de defensa corporal, o lo que es lo mismo, cuando algo no va bien en nuestro organismo éste se defiende y nos avisa aumentando su temperatura   por encima de la  habitual (36-37º C según la persona).
No solamente se produce ese aumento , sino que además de la fiebre se dan una serie de síntomas que inciden en que algo no marcha bien, como son el incremento de la frecuencia cardiaca, de la frecuencia e intensidad de la respiración, frío, temblores, congestión muscular, sudor o piel pálida son síntomas añadidos que todos experimentamos en estas situaciones. Cuando tenemos uno o varios de ellos, lo recomendable es meternos en la cama y descansar para que nuestro cuerpo sufra lo menos posible. Ahora bien, seguro que eres consciente de que hay un “clásico” que todos conocemos desde niños, y es que cuando estamos enfermos “la fiebre aumenta a final de la tarde o a primera hora de la noche”, pero, ¿cuál es la explicación a esta tendencia?.  En primer lugar, lo que muchos de nosotros desconocemos es que nuestro cuerpo no mantiene la misma temperatura corporal durante todo el día, se va modificando en función de la actividad que realizamos en cada momento, de nuestro nivel de cansancio, etc, función de regulación que realiza un parte de nuestro cerebro que a buen seguro conoces, el hipotálamo. Está comprobado científicamente que nuestro cuerpo alcanza la temperatura más baja entre las 2 y las 4 de la mañana (madrugada), mientras que, por el contrario, entre las 18 y las 22 horas alcanza su máxima temperatura corporal. ¿Qué oscilación puede haber entre uno y otro puntos de medición?. Como puedes imaginarte, no todas las personas respondemos de igual modo, pero por término medio la variación suele oscilar entre los 0,6ª y los 0,8ªC, pudiendo en algún caso alcanzar el grado centígrado. 


Distintos tipos de termómetros

 La explicación es que viene determinada por el conocido como “ritmo cardiano”, que técnicamente se define como las oscilaciones que nuestro cuerpo sufre en periodos de tiempo regulares.  El cuerpo, por tanto, responde siempre de igual modo ante los mismos estímulos y tiende a estabilizarse en función de los factores que en cada momento hay en su entorno. En definitiva, tengamos o no fiebre, nuestra temperatura corporal siempre es superior en esa franja horaria, incluso aunque no tengamos síntoma alguno de una posible enfermedad. Ahora bien, ten siempre presente una cosa, si esa variación o aumento de temperatura es superior al grado centígrado, si es que aún no eres consciente de ello, tu cuerpo está siendo sometido a algún tipo de infección, salvo que hayas tomado el sol más de la cuenta o, en el caso de las mujeres,  tengas el síndrome premenstrual. Lo que si hemos de descartar de nuestras mentes es la visión de que la fiebre es algo negativo, un estereotipo que solemos tener “grabado”, más bien al contrario, es algo positivo ya que es el modo que nuestro cuerpo tiene de avisarnos de que “algo no va bien”. 



Paño de agua fría en la frente

Ya para terminar, te dejamos algunos remedios caseros contra la fiebre, a buen seguro que muchos, sino todos, te resultarán familiares: 

-Poner compresas de agua fría en la frente, las axilas y el cuello, de este modo rebajamos la temperatura de esas partes de nuestro cuerpo.  Evidentemente tenemos que ir cambiándolas por otras nuevas y más frescas. 
-Beber mucho líquido (al menos 2 litros al día), a poder ser fresca y añadiéndole algo de limón, que  nos ayuda a combatir el líquido perdido al sudar. Un zumo, si es de naranja y casero mejor, nos ayudará a incorporar a nuestro cuerpo una buena dosis de energía y antioxidantes. 
-Un baño en agua templada, a temperatura no inferior a los 37º de nuestro cuerpo, y con una duración aproximada de unos 5 minutos.  Transcurrido ese tiempo, el enfermo ha de recostarse en la cama y taparse sólo con una sábana, preferiblemente fina.  Terminado el proceso hemos de tomar nuevamente la temperatura corporal y esta debería haber descendido. 
-Hay algunas infusiones, tales como la infusión de milenrana, de saúco o el té de canela que también contribuyen a regular la temperatura corporal. 
-Humedecer unos calcetines en agua, los escurrimos y se los ponemos al enfermo en los pies, y por encima los recubrimos con unos calcetines gruesos. Con este “truco” ayudamos a reducir la temperatura porque estamos estimulando nuestro sistema neurológico. 
-Utilizar romero, debido principalmente a sus propiedades antiinflamatorias. Mojamos una gasa con alcohol y ponemos encima unas cuantas hojas de romero, para después colocarlas en la frente, el pecho y el cuello. A medida que el alcohol se evapora por la alta temperatura corporal, sustituimos y añadimos otras nuevas. 
-Cómprate un bote de aceite de eucalipto (tiene propiedades antipiréticas) y aplícalo mediante un paño humedecido en la frente, el pecho o el cuello También puede sernos útil, por el mismo motivo, aplicar sobre esas mismos zonas  paños vinagre de sidra de manzana. 
Esperemos que todo lo anteriormente expuesto te haya sido de utilidad, y recuerdo, hidrátate siempre de forma adecuada y come algo aunque no tengas hambre, son dos formas importantes de transmitir energía a nuestro cuerpo para combatir los “factores negativos externos” que le están afectando.



"Comentaria"  de Santorio Santorio donde describe el primer termómetro.

Para terminar y como recordatorio, ¿recuerdas quién inventó el termómetro?.  Las primeras referencias hacen mención a Galileo Galilei, aunque lo que realmente este conocido científico creó fue un termoscopio (dispositivo que muestra cambios de temperatura) y que se puede considerar como el predecesor del termómetro. La idea de dotar a ese aparato de una escala, dando pie a la versión inicial del termómetro (sabes que ha evolucionado mucho desde este primer momento), se atribuye a  Santorio Santorio, médico italiano (1561-1636).


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